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Walden
 
H.D. Thoreau (1817-1862) pasó dos años en una cabaña, construida por él mismo, a orillas del lago Walden, donde se había retirado a encarar, al contacto con la naturaleza, los hechos esenciales de su vida.
 

 

Con el pensamiento podemos estar fuera de nosotros, en sentido sano. Mediante un esfuerzo consciente de la mente podemos permanecer al margen de los hechos y de sus consecuencias; y todas las cosas, buenas y malas, discurren a nuestro lado como un torrente.
(…)

Puedo sentirme afectado por una función de teatro; por otra parte, puedo no serlo por un suceso real, que parece concernirme más. Sólo me conozco como ente humano; escena, por así decir, de pensamientos y afectos, y reconozco en mí un cierto desdoblamiento, en virtud del cual puedo resultar tan remoto de mí mismo como de cualquier otra persona. Por muy intensa que sea mi experiencia, soy consciente de que existe un algo crítico de mí que, cabría decir, no forma parte de mi ser, sino que es espectador que no comparte mis experiencias, pero que toma buena nota de ellas; y eso no forma parte de mi persona en mayor medida que el prójimo. Cuando la comedia de la vida, acaso tragedia, da fin, el espectador sigue su camino. Por lo que a él respecta no era sino una especie de ficción, una obra de imaginación tan sólo.

Henry David Thoreau, "Walden",
Parsifal Ediciones, 2001, p. 123.



Photo ©Scot Miller/www.suntomoon.com

 
   

 

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