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Sereno

por Enrique 18 de Agosto de 2002
 
Enrique: escritor de relatos por propia naturaleza, ha publicado varios relatos en un libro recopilatorio (Nada normal, Taller de Escritura de Madrid).
 

 

El primer día de insomnio fue cuando mi mujer me dejó, llevándose los niños con ella. Para poder pasarles la pensión empecé a trabajar turnos dobles en la fábrica y todos los fines de semana que podía.
Al llegar a casa apenas cenaba y me acostaba temprano. Me dormía de inmediato, despertando a las pocas horas. Entonces me levantaba en la penumbra de la noche, me preparaba un vaso de leche tibia y recorría, prácticamente a oscuras, las dos habitaciones ya vacías, el dormitorio, el baño y luego me sentaba en el centro del comedor frente a un gran ventanal que daba a la calle, iluminado únicamente por la luz de las farolas. Allí permanecía en silencio, muy quieto. Cubierto con una vieja manta de cuadros buscaba la luna y luego observaba los muebles y las paredes del comedor donde había marcas de cuadros descolgados, todo bañado por una luz entre gris y violácea.
Normalmente estaba así durante un par de horas y luego volvía a la cama sin que me costara, entonces, dormirme de nuevo hasta el día siguiente.
Una noche, al despertar, me encontré con que había estallado una fuerte tormenta y los relámpagos iluminaban, intermitentes, el comedor. Esa noche no me preparé el vaso de leche recorrí, sin embargo, durante horas toda la casa, entrando una y otra vez en las habitaciones vacías, en el baño, en el dormitorio.
En la penumbra rota a veces por la tormenta escudriñaba cada rincón de la casa, andando muy erguido y concentrado, esperando a que terminara la lluvia y de vez en cuando me detenía para decir en voz alta, por ejemplo: Las tres y media y lloviendo.

 
   

 

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