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Dicen
que los peces acostumbran a descansar del silencio en los arrecifes,
porque así regresan a las corrientes en sentido opuesto al
ruido, con la profundidad abierta a un azul melodioso y eterno.
Yo, mientras el Círculo Polar me enternezca las horas en
una suerte de arrecife boreal, acostumbraré a sentirme como
los peces: azul y complaciente,
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