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Memorias del Circulo Polar
por Estefanía 26 de Enero de 2002

Prólogo: Cero.

... Ahora destellos, después una onda desvirtuada en la distancia; ... preciso clarificar el encuadre y contener la brisa para captar la más prodigiosa intensidad de mi propio pulso; sujetar el cielo con la cabeza, soliloquios, ahora o nunca... Secuencio nuevos y reveladores matices...

Secuencia de Matices: Uno: Luces.

Reconozco miles de ojos, cientos de latidos emocionados ante el paisaje.

Lo que se siente no e s más que una magnánima dicha de naturaleza eterna, un trémulo y a la vez sentido crepitar de hojarasca en septiembre, níveas colinas y un crepúsculo cuajado de auroras boreales...

Abro los puños y me desprendo de las canicas del retrato antiguo; contemplo impávida una eternidad que despunta goces y un tiritar austero de horizontes segados a media altura.

Reconozco Finlandia como se reconoce un cuerpo cercano al propio, en un tacto trastabillado pero uniforme, consecuente y sensato.

Por eso los abedules, los pinos, los robledales y la tundra arremeten con sana violencia contra los goznes de la conciencia agazapada, porque sé que he venido aquí a descubrir mi diminuto reflejo en el sol de una medianoche que, de soslayo, me devuelve la sonrisa y un puñadito de florecillas frescas que una vez colgué de mi presencia.

Intensamente, y con la persistencia ensordecedora de una luz verdosa sobre la que se estremecen los arcos, el Círculo Polar completa el periplo y me despide de mí misma entonces, con tres estrellas fugaces y un soñador disco anaranjado que envilece para siempre al tiempo... y a la realidad que ya no me aprisiona.

Secuencia de Matices. Dos: El mapa polisémico.

Sobre la mesa hemos dispuesto una única evidencia: lo que somos.

Hemos abierto una latas de conserva y hemos desplegado un mapa incongruente de los mil tesoros. Después tomamos un té amargo para saborearnos más las unas a las otras desde nuestra única y peregrina ilusión:
lo que somos.

De memoria me susurran que estamos a tres mil setecientos cincuenta y dos kilómetros de lo que éramos... Nos oteamos sin tapujos y sorbemos más té. Las latas ya están vacías, huecas, mortecinas; y entonces de repente caemos en la cuenta: ellas son el último vestigio hostil de lo que dejamos a tres mil setecientos cincuenta y dos kilómetros:
lo que fuimos.

Se cierra el círculo, las aristas amoldan su curvatura a un nuevo volumen de las cosas; se dislocan los relojes y confesamos, ante disimulada inocencia, otra inusitada perplejidad colectiva:
lo que somos.

En este punto, todo afuera revoluciona la orografía de la distancia, y se agolpan ante nuestros ojos una medianoche más azul que nunca, una estrella desbordante de previsiones halagüeñas y una nube de renos que deambula ajena a todo por encima, a un lado, o por los rincones de cualquier parte...

Secuencia de Matices. Tres: Las costumbres de los peces.

A veces me asalta una duda diminuta, tan diminuta que me incomoda:
¿Por qué aquí y por qué ahora?

Me gustaría una respuesta breve y concisa, de esas intelectualmente justicieras y meridianas; quizá ceremoniosa, tajante, de lógica aplastante y demás... Aunque mi duda se reinterpreta sola:
una lágrima desprendida de unos ojos agarrotados por la belleza del alma y un Universo abrasado de espejos y otros caminos...

Y cuando me visita una duda diminuta, lo reconozco, una flemítica llama se agazapa en el alfeizar de mis pupilas, y me delata acto seguido el resplandor matutino del pan recién horneado... porque en la duda, diminuta sobre todo, está aún mi gran esperanza:
estoy viva, y enfilo un sendero que me corresponde por lágrima propia.

Dicen que los peces acostumbran a descansar del silencio en los arrecifes, porque así regresan a las corrientes en sentido opuesto al ruido, con la profundidad abierta a un azul melodioso y eterno.
Yo, mientras el Círculo Polar me enternezca las horas en una suerte de arrecife boreal, acostumbraré a sentirme como los peces:
azul y complaciente,
con estos dedos, estos labios, y esta alma:
con esos dedos, esos labios y todas las almas.

Secuencia de Matices. Cuatro: Concéntricos.

No todos los ríos conmueven cada segundo...
     No todos los burbujeantes afluentes son a cada segundo un microsegundo...
     Podrían ser tu eternidad. Sobretodo si eres esfera o calidoscopio de cositas digamos que trascendentales, que deambulan atropelladamente por tu mente de ya, ya, ya, y no por la de los astros y los corazones alados...
     No todos los acertijos vendrán a visitarte cuando de verdad el alma sustituya a los isósceles y a los dodecaedros que habitan todavía ahora tu universo de verdad sin bordes. No. A veces incluso te despertarás del sueño convencida de que aún puede ocurrir cuando ya fue, y la prueba, la evidencia, te delatará entre las sábanas inundadas de respuestas...
     No todo está dicho, y por eso, sin más prolegómenos, precintemos la sentencia y regresemos al: "¿por dónde íbamos?"...
Pecho al frente. Barbilla firme. Y cabeza ergida, aprehendiendo con destreza las lucecitas ámbar de un cielo malabar; ese que, cuando menos lo imaginas, dará tus ojos y tus deseos
     un mismo centro.

Secuencia de Matices. Cinco: Los amantes.

...El agujero de la Nostalgia me ha abandonado finalmente el alma. Me quedan los miedos, los gazapos y un insomnio que sufre de hipotermia.

Pero lo cierto es que en este cónclave capituló ya, cual irracional serenata de recuerdos de un futuro que jamás tiñeron de nada a mi ser de ida y vuelta, ...la Nostalgia...

Desahuciada toda pretensión:

"por qué no, sin ti no soy nadie, por que sí, tartamudeos, y si no "...

Prepara Nostalgia su equipaje, pues ya comienza a vislumbrarse un sendero transitado de color y de propuestas de presente, de indicativo, femenino, singular.

Ahora tú, Vida, que me esperaste toda la tarde en el puerto, desnúdate presta y coloca las yemas de los dedos en mis costados; después en el bajo cuello, en las sienes, Pálpame aquí; es todo presencia abarrotada de otras presencias semiadormecidas que intercalan calidez con intensas brumas, como una tela que disfrazó de seda cualquier punto de vista.

Yo ya estoy aquí, y digo yo para renunciar de una vez por todas al pudor al que me encomiendo tan fielmente y con puntualidad desconcertante. Ahora Nostalgia es un rumor, un mal cuerpo después de todo.

Sortilegios, revelaciones o un pozo de sabiduría enmascarado de sigilos. Deja que yo también te acaricie la presencia, Vida, pendiente de un hilo, en un solo movimiento en do menor.

Te busco y yo soy la respuesta. Nos tocamos voluptuosamente, adolecemos e indagamos cómo vibrar en una locura desenfrenada: Tú te deshaces en elogios...

Te conmino para siempre, a las tres y cuarto, tú y yo solas, otra vez en el puerto.

Secuencia de Matices. Seis: Escena de amor.

(Cierra los ojos.)
Haz, como si no escucharas el tintineo constante que atropella tu alma.
(Dame la mano.)
Haz, como si no fuera yo sino el aire quien te zarandea leve y fugaz por cada recodo de tu felicidad desprendida.
(Acércate.)
Haz, como si mi hombro fuera el sustento insinuado de otros goces y otros susurros que marcan el curso de los vientos...(Allí va y viene agitado tu pañuelito blanco, amargamente palidecido por una creencia absurda con regusto a destino).
No te importe apenas una lágrima en mi cuello. Porque haz como si llovieras desde mi omóplato y hacia arriba. Y no dudes, di:
¡¡Cierra los párpados o te calaré hondo hasta las pestañas!!!
Yo ya entenderé que están abiertos de par en par los rinconcitos de tiempo que escondes con premura en cada palabra, en cada emoción de veras, o en cada mueca esbozada que imagino porque callas, y cuando callas, otorgas.
(Abrázame fuerte. Sin decoro.)
Destemplados los miedos quiero creer sintiéndote, y sintiéndome creer (a lo largo de tu timidez de años y años a fuego lento y contra ti misma) como tras las olas y en el camino se plantará una sonrisa.
(Sonríes. Y me sonríes fuerte. Sin decoro.)
Me miras dulce y despistada, quizá prudente al saberte cómplice, porque una ráfaga de felicidad te ha aturdido no sabes dónde.
Ahora sabes que está en ti y está en mí.
Sonríes.
Qué más da no saber dónde.

 

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