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Escorpio-Plutón

Escorpio-Plutón
 
por Viky 1 de Diciembre de 2002
 
Viky: Su interés por los símbolos le ha llevado a estudiar astrología en profundidad. Su gran capacidad para comunicar y su rigor en el campo astrológico hacen que haya cola para que te lea la carta astral.
 
¿Quién soy?

 

Según describe la mitología, el dominio del mundo fue repartido entre tres hermanos: Zeus, Poseidón y Hades. Al primer dios (Zeus/Júpiter) se le encomendó el gobierno del cielo; a Poseidón (Neptuno) el poder sobre las aguas, y finalmente a Hades (Plutón) el dominio del inframundo. En realidad, tres dimensiones psicológicas: el mundo mental, el mundo emocional y el ámbito inconsciente. Plutón actúa a este último nivel, sobre todo aquello que opera bajo el nivel de la consciencia, de ahí su relación con lo más visceral y atávico; con las pulsiones profundas que laten en nuestro interior. No es de extrañar que Escorpio-Plutón represente el sexo y la muerte.

Sin duda, la imagen más bella asociada a este planeta es la del fénix. En Egipto era un ave mítica símbolo de inmortalidad, ya que habiendo sido consumido por el fuego, resurgía en vida de sus propias cenizas. A Plutón se le asocia con el ave fénix porque es símbolo de la transformación profunda y radical del hombre.

Plutón es el guardián que observa atentamente nuestra respuesta a la pregunta "¿Quién soy?". Y nos escucha decir: yo soy mi dinero, soy mi relación de pareja, soy mi sentimiento de felicidad, soy mi tristeza, soy deseo, soy mis recuerdos, soy mi éxito profesional, soy mi enfermedad, soy mi talento, soy mi desesperanza... Plutón observa sigilosamente cada paso que damos en la construcción de nuestra identidad, sea la que sea. Observa y espera el momento preciso para clavar su aguijón. Así, cuando el escorpión hace su trabajo sentimos dolor y escuchamos próxima la muerte...

Durante mucho tiempo pensé que jamás podría mantener a mi lado nada que amase. Este sentimiento de pérdida era como una maldición y no conseguía desentrañar su sentido. Se me viene una imagen a la memoria... hace un tiempo, en otra casa. Vivía con Aitor. Era de noche y estaba sola en el salón con mis gatas. Me quedé mirando el fuego. No había más luz que la que daban las llamas. Empecé a ver mi felicidad, el momento que estaba viviendo, mi sensación de bienestar, la dulzura de saber que en el silencio de ese instante sólo estaba el calor de mis gatitas, el crepitar del fuego y Aitor durmiendo arriba. Sin embargo había algo más y a medida que contemplaba el fuego más a fondo iba sintiendo que se trataba de Plutón. Me recordaba que ese instante también pasaría, que disfrutase de él sin apego. Creo que esa fue la primera vez que no sentí a Plutón como un aguijón helado y mortífero, sino como un compañero que se acerca a recordarnos algo esencial. Esta vez era cálido y embrujador como el fuego que miraba.

La lección que Plutón nos enseña es la lección del desapego. En sus tránsitos parece destruir aquello que nos rodea: desestabiliza la pareja, cuestiona el trabajo, se lleva a un ser querido, etc... por eso tiene mala imagen y parece ser "el malo". Pero Plutón no es "el malo", sino "el mago". El gran transformador. Cuando nos aferramos a las cosas o nos apegamos a sentimientos, cuando construimos una identidad ilusoria sobre cimientos ilusorios, Plutón irrumpe en nuestras vidas. Parece que quisiera clavar el aguijón o quitarnos algo, o dejarnos sin suelo firme bajo los pies... pero todo cuanto quiere es susurrarnos al oído que seamos cuidadosos al contestar la pregunta acerca de quiénes somos, porque nuestra verdadera naturaleza es ilimitada.

Nunca nadie me había enseñado nada tan hermoso. Gracias Plutón, viejo amigo...

 

 

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